Última entrada , escrita el 30 Mar 2008

VII


Marta había sido de esas mujeres que ven en la flor arrancada el rosal destrozado sin percatarse de la sangre que brota de la mano dubitativa, ensartada por las espinas, que le brinda la rosa. En su cabeza ya no hay amor, decepción, cuerpos sudorosos y fracaso. Sus huesos ya nunca descansarán en un catre con sábanas gastadas. En su memoria ya no conviven perdedores y fracasos congénitos.

Entre las sombras, lejos ya, un hombre oculto bajo las solapas de una gabardina se va calle abajo. Bajo sus pies, charcos de barro que borran las huellas de los perdedores. Pisadas en medio de la noche que a penas se escuchan. El mismo mundo y un alma menos que ya se ha desprendido de la belleza contenida de su cuerpo. Gente que lo ha perdido todo y sin embargo no ha perdido nada. Y más allá, lo mismo. Más allá, nada.

Un grito seco rasgó la noche oscura. Una lámpara centelleó entonces a mi paso. Aceleré. No tardarían en verse las luces de la policía hiriendo la tranquilidad del boulevard. Todo cobra una nueva perspectiva entonces.

Entradas: 19 | Capítulos: 2 | Comentarios: 2